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lunes, 8 de marzo de 2021

LAS PLAYAS DE TAMARIT

Hace un tiempo, en un post, os contamos que el camping Trillas Platja Tamarit nos encantó. La cantidad de servicios que ofrece, las piscinas, la animación, etc. Pero también que a 60 metros del camping hay dos playas estupendas.

Estas playas son dos, la playa de Tamarit y la cala Jovera. Entre las dos playas se sitúa el castillo de Tamarit, que actualmente es de propiedad privada y no se puede visitar a menos que acudas a uno de los eventos que se realizan, o que vayas a misa en una de las capillas de las que disponen.

EL CASTILLO DE TAMARIT

El castillo de Tamarit está construido sobre un pequeño cabo a orillas del mar. Su historia se remonta al siglo XI, cuando las tropas del rey Jaume I conquistaban los territorios habitados por los musulmanes. Tras la conquista estos territorios pasaron a formar parte del condado de Barcelona. Fue entonces cuando se construyó el castillo, entorno a un núcleo de población.

En el siglo XIV se construyen las murallas que resguardaban, tanto al castillo como a la población, de los ataques de los piratas berberiscos. En esta época el castillo pasó a ser propiedad del arzobispado de Tarragona. Poco después se abandonó tras una epidemia de peste. En el s. XVII se construyó la torre, uno de los elementos más destacados del castillo y se reconstruyó la muralla con intención de volver a poblarlo, sin éxito. En 1916 el arzobispado vende el castillo a un empresario estadounidense que vivía entonces en Cataluña. Hizo una restauración romántica dirigida por el pintor Ramón Casas. Traduzco lo de "restauración romántica": hicieron lo que les parecía, lo que pensaban o creían que algún día fue, sin ningún rigor histórico.


Por suerte Charles Deering, el empresario norteamericano seguía siendo el propietario en 1936 del castillo de Tamarit, ya que eso evitó que un grupo de anarquistas prendiera fuego a la capilla y se perdiera para siempre su valioso retablo barroco. Su posición hizo que a los pies del Castillo de Tamarit el bando republicano construyera uno de los numerosos nidos de ametralladoras bunkerizados que construyeron por toda la costa mediterránea para repeler ataques, especialmente los de la armada de la Italia fascista. También se puede ver el acceso, que además llevaba por un pasillo donde habría otro nido, oculto por utilizar piedras del mismo color. Finalmente en 1992 la familia Deering vendió el castillo al grupo que actualmente lo gestiona y que organiza eventos BBC (bodas, bautizos y comuniones) y conciertos. 

LA CALA JOVERA

Respecto a las playas, vamos a empezar por la cala Jovera. Tiene unos 90 metros de longitud y 20 de anchura. Para llegar hay que hacerlo a pie, pasando junto a la entrada del castillo de Tamarit. Es una cala muy chula y recogida, ideal para ir con niños. Pero descartarla si lleváis carro o con personas con problemas de movilidad, ya que se accede por entre las rocas. No como las cabras, hay una escalera, pero creemos que para algunas personas pueden ser peligrosas.

La cala carece de servicio de socorrismo, por lo que, aunque no hay mucha profundidad en los primeros metros de costa, conviene no perder de vista a los niños. En el extremo sur hay una roca que se adentra en el mar y donde los bañistas se suelen subir. La verdad es que las vistas del litoral son muy chulas, sobre todo de los acantilados que se abren hacia el sur. Para los curiosos, hay restos fósiles de conchas.

El camino que lleva a la cala Jovera continua en paralelo a la costa a través del denominado Camino de Ronda, que llega hasta la playa de la Mora, 1,5 kilómetros más allá. No muy lejos de la cala Jovera se encuentra Jungle Trek, un parque multiaventura que está especialmente pensado para los niños, pero del que también pueden disfrutar los mayores. También junto al camino de ronda se encuentra la torre d'En Segur, una torre vigía construida en el s. XVI, al mismo tiempo que otras en toda la costa mediterránea y la costa atlántica de Andalucía para prevenir los ataques piratas.

LA PLAYA DE TAMARIT

La otra playa es la playa de Tamarit, al norte del castillo. Tiene unos 1.800 metros de longitud por 45 de ancho. Al igual que la cala Jovera, tiene arena fina y dorada. Sí que dispone de servicio de socorrismo. Se puede llegar en coche, pero no desde el castillo de Tamarit, ya que está prohibido el aparcamiento. Pero no mucho más lejos sí que podréis dejar el coche. También se puede llegar en tren o autobús.

Continua por la playa de Altafulla, que aunque tenga distinto nombre es la misma playa. A unos 400 metros del castillo de Tamarit se encuentra la desembocadura del rio Gaià, aunque probablemente lo encontréis seco ya que el pantano que se encuentra unos 11 kilómetros río arriba retiene casi todo el cauce. Hay un intento de dotarlo de un cauce ecológico para que las distintas especies animales y vegetales que viven en y gracias a sus aguas no se pierdan. Hay un sendero que recorre varios kilómetros en paralelo al cauce de este río.

En la parte de Altafulla, junto a la playa, hay una gran cantidad de servicios, como bares, restaurantes, supermercados, etc. dispuestos a lo largo de un tranquilo paseo marítimo. Muy cerca del final de la playa se encontró la denominada "Villa dels Munts", una enorme villa romana que en su momento era lugar de descanso de las élites que vivían en la cercana Tarraco.

A pie de playa se encuentra el Club Marítimo de Altafulla. Aquí se puede alquilar un kayak o una tabla de surf para practicar paddle surf. Ofrecen clases de surf, tanto para adultos como para niños. También ofrecen cursos de vela, con diferentes tipos de embarcación, tanto catamaranes, como Optimist o tablas de windsurf. 

Como veis las playas de Tamarit están llenas de posibilidades para toda la familia. Hay varios campings alrededor de la playa, pero nosotros os recomendamos el Trillas Playa Tamarit, por servicios y precio. Un lugar estupendo para visitar muchas otras cosas que ofrece la provincia de Tarragona. Lo miréis por donde lo miréis, un planazo.

lunes, 18 de enero de 2021

VISITAMOS EL ACUEDUCTO DE FERRERES DE TARRAGONA

Desde hace siglos el contínuo abastecimiento de agua ha sido una de las preocupaciones constantes. No sólo para beber o cocinar, también para otra serie de actividades inherentes al ser humano. Ello derivó en encontrar diversas soluciones para transportarla. Una de las construcciones más impresionantes usadas para este menester son los acueductos. Uno de los mejores ejemplos es el acueducto de Ferreres, en Tarragona.

Aunque ya hablamos de él en el post dedicado a los monumentos de la Tarraco romana, nos gustó tanto que merece un artículo para él solito. En toda Hispania tenemos grandes ejemplos de estas obras de ingeniería. Por encima de todos destaca el de Segovia, tanto que si aparece en mayúscula se entiende que 'Acueducto' se refiere al segoviano. 

El acueducto de Les Ferreres no tiene nada que desmerecer al de Segovia. Se encuentra a unos 3 kilómetros de la antigua ciudad romana, hacia el noroeste. Para visitarlo podemos llegar con nuestro coche desde la AP-7, únicamente en sentido Tarragona-Castellón (por ejemplo desde Torredembarra). Está indicado en un área de descanso. Esta área no es muy grande, y es fácil pasársela de largo. Además suelen haber coches aparcados y dificultan el paso. Mucha precaución. También se llega (en coche o caminando) desde el centro de Tarragona mediante la N-240 (C/ de Valls, Av. Principat d'Andorra, ...) y siguiendo a pie por el camino del barranco del Diablo, que es el que salva el acueducto. 


Ya sea desde el cauce del barranco del Diablo o desde el área de descanso, donde hay un mirador para observarlo, enseguida nos maravillaremos de los 36 arcos que presenta el acueducto. Están dispuestos en dos niveles, el inferior cuenta con 11 arcos y el superior con 25. El acueducto mide 217 metros de longitud y tiene una altura máxima de 27 metros. Como curiosidad, tiene un desnivel de 40 centímetros para facilitar que el agua corriera hacia Tarraco. 

Fue construido en el s. I d. C., en tiempos del emperador Augusto. Éste pasó una buena temporada en Tarraco durante las guerras cántabras recuperandose de sus achaques. La función del acueducto, como no podía ser de otra manera, era llevar agua desde el río Francolí hasta la ciudad de Tarraco. Para ello se servía, además, de una serie de túneles y canalizaciones. De hecho en el extremo norte se puede ver la curva que realizaba el canal para entrar en el acueducto. En realidad todo el conjunto es el acueducto, ya que la palabra significa eso, precisamente: conducción de agua. Pero por regla general entendemos por acueducto la infraestructura de arcos y arquerías que salvan un terreno irregular. 


La buena conservación del acueducto de les Ferreres se debe a que hasta el s. XVII estuvo en funcionamiento transportando agua. De esta manera se sometía a un constante mantenimiento. Por otra parte se le sometió a una restauración entre 2009 y 2011, tras la declaración como Patrimonio de la Humanidad del conjunto arqueológico de Tarraco en el año 2000.

Esta restauración ha permitido que los visitantes puedan recorrer del specus, es decir, el canal que servía para transportar el agua en la parte superior. Además de permitir cruzar de un lado a otro del barranco, podremos ver el fantástico bosque mediterráneo que rodea el acueducto. Porque estas vistas son otro de los grandes atractivos de la zona. Me hizo gracia que en las losas sobre el canal hayan simulado unas colas de milano, unas piezas con forma de reloj de arena con las que engarzaban los sillares para que no se soltaran. 

En la base, por el barranco del Diablo, vimos bastante gente practicando deporte por la zona, tanto corriendo como en bicicleta de montaña. Y desde luego que esa parte de Tarragona nos parece increíble a quienes llegamos de fuera, muy sorprendimos por la frondosidad vegetal. 


Muy cerca del acueducto hay unos jardines modernistas creados a principios del s. XX por los hermanos Puig i Valls en su villa de verano. Mariano era poeta y Rafael ingeniero forestal. Estos jardines forman parte del Parque Ecohistórico Puente del Diablo, que incluye al acueducto como la parte más destaca. La antigua casa del guarda del Mas dels Arcs, o del Angel (la villa de los Puig i Valls) acoge hoy día un restaurante.

¿Qué es eso del "Puente del Diablo"? Pues el nombre por el que es más conocido el acueducto de Ferreres en Tarragona. El nombre proviene de la creencia popular de que el diablo lo construyó en una sola noche. Hay varias leyendas que visten esta historia con diversos protagonistas: una matrimonio de ancianos, una doncella o un jugador empedernido, entre otros. Las historias de diablos que construyen puentes en una noche son habituales, y si buscáis en Google encontraréis un montón de puentes del diablo.

No os lo penséis. Si estáis cerca de Tarragona no dejéis de visitar este acueducto. Os va a impresionar tanto como a nosotros y, además, la gran riqueza natural que lo rodea os va a sorprender. Sin duda esta es una excursión top para toda la familia. 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

DESCUBRIMOS LOS MONUMENTOS DE LA TARRACO ROMANA

Año 19 a. C., toda Hispania está ocupada por los romanos. ¿Toda? Sí. Aunque hayamos empezado un poco Astérix aquí acaba la broma porque vamos a darle la vuelta. Es más, si hubiera un Frente Popular de Tarraco (o un Frente Tarraconensis Popular, no sé) y se preguntaran "¿Qué han hecho los romanos por nosotros?" la respuesta es obvia: muchas cosas.

Ya es momento de dejar estas citas más o menos pop y centrarnos en la Tarraco Romana. Porque la Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco fue una de las más importantes ciudades del Imperio Romano, no solo de Hispania. En primer lugar fue capital de la provincia de la Hispania Citerior (que se correspondería, más o menos, con Cataluña, la Comunidad Valenciana y la Región de Murcia hasta Cartagena) y posteriormente de la Hispania Tarraconensis, que en su momento de máxima extensión comprendía la mayoría de la Península Ibérica, todo lo que quedaba al norte de una línea imaginaria entre el Duero al llegar a Portugal y la zona de Carboneras/Mojácar en Almería.

Esta importancia se demostraba en la cantidad de edificios públicos que existían en la ciudad, y sus alrededores. Vamos a realizar una ruta en la que iremos viendo, poco a poco, los monumentos romanos más importantes de Tarraco que han llegado a nuestros días. Las primeras paradas requieren de vehículo, aunque hay alguna alternativa a través de transporte público. En el año 2000 la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad el Conjunto arqueológico de Tarraco. Y merece mucho la pena una visita.

Pero no vamos a empezar por Tarraco. En primer lugar vamos a hablar del arco de Bará. Éste es un arco del triunfo que se encuentra a unos 20 kilómetros al norte de Tarragona, en la localidad de Roda de Barà. Localizarlo es muy sencillo. Se encuentra en plena N-340. Recordad que esta carretera nacional comparte gran parte de su trazado con la Vía Augusta. De hecho se puede apreciar unos cuantos metros de esta vía. Nosotros recomendamos que lo veáis en sentido Tarragona, ya que así estaréis en disposición de seguir la ruta que os proponemos. 

Es un arco bastante sencillo, con un solo vano central con un arco de medio punto que sostiene un entablamento rematado por una cornisa. Por su aspecto recuerda al arco de Tito que se encuentra en el Foro de Roma, aunque carece del remate donde se lee la inscripción del arco romano. Además la decoración difiere, ya que no tiene relieves y las semicolumnas han sido sustituidas por pilastras. Pero es un buen ejemplo de arco de triunfo y, sobre todo, siempre sorprende.

Nos dirigiremos hacia el peaje de la AP-7 de Torredembarra para llegar al siguiente punto de la visita. Son poco más de 7 kilómetros. Tranquilos porque el peaje entre Torredembarra y Tarragona es gratuito, y a partir del 31 de agosto de 2021 se libera la AP-7 entre Tarragona y Francia. A unos 4 kilómetros nos detendremos en el área de servicio del Médol. No vamos a repostar, ni hacer pipí, ni tomar algo. Bueno, si lo necesitáis sí, claro, que no obligamos a nada. Pero paramos aquí para visitar la cantera del Médol, de la que se extrajeron 50.000 metros cúbicos de piedra para construir numerosos edificios. Todavía se pueden ver algunos sillares, pero lo más espectacular es un testigo de 16 metros de altura que nos hace una idea de la cantidad de piedra que se extrajo de esta cantera.

No abandonamos la AP-7. Siempre en sentido Tarragona-Castellón. A unos 9 kilómetros del área de servicio del Médol se encuentra un área de descanso. Entrad muy despacio, con mucho cuidado y aparcad, no es muy grande y suele haber gente. Este es el punto más cercano para poder visitar el acueducto de les Ferreres, o Pont del Diable (puente del Diablo). Una maravilla arquitectónica y de ingeniería que estuvo en uso hasta el s. XVII.

A nosotros nos pareció precioso. Puede que los acueductos sean los edificios romanos más bellos por sus arcadas y su esbeltez. Este, además, se encuentra en un entorno paisajístico privilegiado, rodeado de bosque mediterráneo. Podemos recorrer sus 217 metros de longitud y observar los alrededores desde sus 27 metros de altura dentro del canal que transportaba el agua en su momento. Sin duda una experiencia irrepetible. 

Ahora, por fin, llegamos al centro histórico de Tarragona. Vamos al meollo, a lo gordo. Os proponemos que aparquéis (si es que vais con vuestro propio vehículo) en la Rambla Nova o cerca, ya que estaréis en una buena posición para visitar los distintos edificios.

Empezaremos por el teatro romano. Será el primero porque es el edificio del que menos restos nos han llegado. El teatro era uno de los tres edificios, junto al circo y el anfiteatro, que dejaban a las claras la importancia de la ciudad. Y Tarraco tenía los tres. Es posible realizar una visita guiada y gratuita, aunque con motivo de las restricciones por la pandemia de Covid debéis de informaros en la web del MNAT (Museo Nacional Arqueológico de Tarragona) que es quien gestiona las visitas. 

Apenas quedan unas pocas filas de las gradas y algún elemento del escenario. Esto se debe a que, tras un incendio, los bloques de piedra fueron aprovechados para construir nuevos edificios. Este "reciclaje" de materiales es una constante a lo largo de la historia. ¿Bloques de piedra tallada más baratos y más cercanos? ¡Sí, por favor! Una estructura metálica, un poco fea y aparatosa para nuestro gusto, recrea el total del graderío. 

La siguiente visita nos lleva al foro de la colonia, el foro local. En esta parte de la ciudad, junto a una plaza, era donde se encontraban los edificios administrativos y de representación de la ciudad. El yacimiento se divide en dos parcelas, unidas por un puente que salva la calle que se abre entre ambas parcelas. Hasta nuestros días han llegado parte de la basílica, edificio que servía de tribunal, sede de transacciones económicas o mercado; una ínsula (manzana) de viviendas y una calle pavimentada. También hay restos de columnas y estatuas. 

A continuación nos vamos a dirigir a uno de los edificios más impresionantes que nos ha llegado. Este es el anfiteatro. Hace un tiempo ya le dedicamos un post en el blog, por lo que poco más nos queda para añadir. Simplemente decir que era el edificio donde se celebraban las luchas de los gladiadores y que está ubicado en un lugar privilegiado junto al mar. 

Muy cerquita del anfiteatro está el circo. Es decir, el lugar destinado a las carreras de carros (bigas, cuadrigas, etc.). Hacemos esta matización porque hay cierta confusión entre los edificios romanos, errores de hace años que hemos heredado. Con el circo es cuando una ciudad demostraba ser top. Medía 325 metros de longitud por 115 de anchura (en medidas de campos de fútbol, serían más de tres). Tendría capacidad para unos 25.000 espectadores. Alrededor de las dos rectas se situaban las gradas y en el centro la spina separaba ambos "carriles". En uno de los extremos se situarían las caballerizas (carceres) y en la otra una curva para permitir un mejor giro de los carros.

Era uno de los grandes entretenimientos de la época, y los mejores tenían una gran fama y consideración (veis, no hemos cambiado tanto). En Tarraco se conservan varios niveles de gradas en una curva y parte de una recta y varias bóvedas que permitían acceder a las gradas. Es impresionante imaginarse este inmenso estadio, sobre todo porque hay dos calles que coinciden con el recorrido de la pista.

Anexo al circo se visita el edificio del pretorio, que era donde residía el pretor, el encargado de impartir justicia y de gobernar la provincia. Tanto el circo como el pretorio se encontraban dentro del Foro Provincial, que era el espacio donde, alrededor de dos grandes plazas porticadas, se encontraban los edificios que administraban la provincia. Con la importancia que llegó a tener la Tarraconensis, supondréis que era un espacio privilegiado. Se distribuía en tres terrazas. La más baja ocupada por el circo, la media donde estaba las grandes plazas rodeadas de edificios administrativos, y la superior, donde se ubicó el espacio de culto. 

Sobre el pretorio, en época medieval, se construyó un edificio que servía como palacio para los reyes de la Corona de Aragón y, posteriormente, prisión. Para ello se aprovecharon elementos como la llamada bóveda "del Pallol". En el interior de este edificio se pueden ver diferentes restos, del antiguo Foro Provincial, como columnas y capiteles, esculturas, estelas o un bello sarcófago. Especial mención tiene su terraza. Si podéis, subid. Como curiosidad, en un patio hay una réplica de la famosa Loba Capitolina, regalo de la ciudad de Roma, hermanada con Tarragona.

Las entradas para el Foro de la Colonia, el anfiteatro y el Circo-Pretorio (entre otros centros del Museo de Historia de Tarragona) cuestan 3,30 € individualmente. Pero si compráis una entrada conjunta para 4 edificios cuesta 7,40 € u 11,05 € para todos los edificios gestionados por el Museo de Historia de Tarragona. Las familias numerosas pagaríamos lo mismo, con la salvedad que la misma entrada sería conjunta para toda la familia y no individual. Pero hay más descuentos para pensionistas y jubilados, desempleados, discapacitados, grupos, estudiantes mayores de 16 años y familias monoparentales, que pagarían 1,70 €, 3,65 € o 5,50 €, dependiendo del tipo de entrada. Además los menores de 16 años, grupos escolares y (¡ojocuidao!) visitantes de Port Aventura presentando la entrada del parque, entrarían gratuitamente.


Todo el conjunto de Tarraco, estaba rodeado de una muralla, uno de las primeras estructuras que se construyeron en la ciudad. Gran parte de éstas todavía se conservan, incluyendo las torres que servían para vigilar y defender. Es posible pasear por el denominado paseo arqueológico que incluye los jardines del Campo de Marte

Por último vamos a mencionar el Museo Nacional Arqueológico de Tarragona. Se encuentra en una zona de la ciudad junto al río Francolí. En el exterior del museo se encuentra una necrópolis paleocristiana con cerca de cincuenta tumbas excavadas. Como curiosidad, en el parking del Centro Comercial Parc Central, que se encuentra junto al MNAT, cruzando la calle, se halló parte de la necrópolis y de restos urbanos. Los restos son visitables. Si no me falla la memoria creo que es la primera vez que veo un yacimiento arqueológico (visitable) en el parking de un centro comercial.   

Como veis Tarragona tiene muchas cosas para visitar. ¡Y solo hemos hablado de los monumentos romanos! Evidentemente son los más importantes de la ciudad pero no podemos dejar de visitar muchas otras cosas de Tarragona. Pero de eso ya hablaremos en otro post. 

sábado, 18 de enero de 2020

¿SE PUEDE VISITAR PORT AVENTURA EN UN DÍA?

El 1 de mayo de 1995 un hecho provocó una tremenda sacudida en España. Se inauguraba el primer parque temático en nuestro país, concretamente en Cataluña, en la provincia de Tarragona, entre los municipios de Salou y Vilaseca. De esta manera respondíamos a París, que había abierto las puertas tres año antes el parque que entonces se conocía como Euro Disney. Desde el primer día Port Aventura nos fascinó a todos. 


Aunque no creo que haga falta explicar mucho qué es Port Aventura pero para los despistados diremos que es un parque temático que recrea seis áreas: Mediterrània (un pueblecito de pescadores en el Mediterráneo), Polynesia, China, México, Far West y SésamoAventura, una zona infantil inspirada en Barrio Sésamo. La decoración, las atracciones y la restauración remiten elementos típicos de cada una de las áreas temáticas. 

En puridad llamamos Port Aventura a lo que se debería llamar Port Aventura Park, ya que a lo largo de estos 25 años han abierto dos parques más en el complejo: el parque acuático Caribe Aquatic Park, y Ferrari Land. Además seis hoteles, un campo de golf y un centro de convenciones completan la oferta. 


Respondiendo la pregunta que da título a este artículo, sí, en líneas generales nosotros pudimos. Pero nosotros tenemos una particularidad, no somos mucho de montar en las atracciones más fuertes, así que dejamos de emplear el tiempo de las colas en otras atracciones y en los espectáculos. Si quieres montarte en todas la atracciones y ver todos los espectáculos, no, un día no es suficiente ni exprimiéndolo al máximo. 


Tras la experiencia el año anterior en el Parque Warner (visitamos Port Aventura en las mismas fechas, sí, otra vez con el cumpleaños de nuestro hijo mayor como excusa) esta vez nos planteamos planear la visita un poco más para no ir a tontas y locas y aprovechar. A pesar de eso incluso en el orden hubo caos, pero sí que nos dió la sensación de que aprovechamos mucho mejor la jornada. 

La planificación previa fue importante porque ya conocíamos los requisitos de altura para las atracciones y pudimos ir discriminando. No era fácil con tres niños de diferentes edades, alturas y rangos de altura. En la web de Port Aventura hay mucha información útil y nos vino muy bien. 


Lo primero que hicimos es ir al área de SésamoAventura, la zona infantil, así mis hijos montaban en todo y ya podíamos dedicar el resto del día al resto del parque. Para llegar allí aprovechamos el tren que recorre Port Aventura y que es una gozada ya que te ahorra caminata y cansancio. No estoy muy seguro de que ahorre tiempo, pero oye, que a nosotros nos gusta el tren (y el barco, ojo, no nos olvidemos del barco). 


Pudimos (o pudieron, depende) montar en casi todo , excepto en Street Mission, la atracción que se inauguró el año pasado y que siempre tenía una cola de al menos una hora, así que íbamos retrasándolo. En todo el parque hay paneles informativos con la espera en las principales atracciones, y también así puedes decidir si ir hacia un lugar u otro. 


Pero a pesar de toda la planificación también tuvimos que correr, porque si bien teníamos claro las atracciones en las que queríamos montar y en las que no, también sabíamos que queríamos ver el máximo número de espectáculos posible, empezando por el Bang Bang West, el show de especialistas ambientado en el Oeste. Aunque en estos 25 años ha perdido por el camino algunas de las partes más emocionantes, sigue siendo muy divertido. 


También nos gustó mucho Bubblebou, un espectáculo con pompas de jabón que se hacía en el Teatro Mágico de China. En principio no parece gran cosa, pero es realmente sorprendente, tierno y divertido. 150% recomendable. 


Pero si hablamos de espectáculos no os podéis perder FiestaAventura, el gran show que se realiza justo antes del cierre del parque y que es sencillamente espectacular. ¡Y nosotros nos lo queríamos perder! Cuando fuimos el parque cerraba a medianoche, y las fuerzas, sobre todo las de nuestros hijos, ya iban justitas, y estuvimos a punto de irnos tras ver el desfile de artistas. 


¿Pero que es Port Aventura sin atracciones? Nada. Que no no gusten las más potentes no significa que no montemos en ninguna. Si vais, como nosotros, con niños pequeños (el mayor cumplió 10 años el día anterior) os vamos a recomendar dos. Por una parte Angkor, una atracción acuática inspirada en el templo camboyano de Angkor Wat, sin cuestas ni saltos como el Tutuki Splash o el Silver River Flume pero muy divertida ya que debes mojar a otros grupos. La otra atracción recomendada es Street Mission. Os hemos dicho que fuimos retrasándola por la cola, y al final montamos pasadas las 10 de la noche, antes de ir a los espectáculos finales. Es muy divertida y todos, empezando por mi hijo pequeño, nos lo pasamos en grande. 

Por último una última recomendación, nos fiamos de algunos blogs que recomendaban comer en Cactus Express, en México. Hicimos caso. Acertaban. Comida tex-mex. Son menús grandes, tanto que pedimos 4 para los 5, y hubo comida más que suficiente. Perritos calientes, burritos, nachos, patatas fritas… Precios de Port Aventura pero comida abundante. 


Para mis hijos era la primera visita y nada más salir querían volver. Para mi mujer era su segunda visita, la primera fue en un Halloween. Por mi parte era la tercera vez. Estuve hace casi 25 años, cuando el parque estaba recién inaugurado. No será la última vez, estamos convencidos que más pronto que tarde volveremos todos a Port Aventura.

jueves, 28 de noviembre de 2019

DE EXCURSIÓN CON LA FAMILIA EN EL DELTA DEL EBRO

Un viaje está apunto de finalizar. Ha recorrido 930 km. y ha atravesado ocho provincias. Pero el viaje no lo estamos realizando nosotros sino que somos unos espectadores. Nos encontramos a orillas del río Ebro, que está a punto de convertirse en mar Mediterráneo. Estamos de excursión en el Parque Natural del Delta del Ebro.


Al sur de la provincia de Tarragona se encuentra uno de los parques naturales más fascinantes de España, el Delta del Ebro, un delta formado por los sedimentos que este río ha ido arrastrando a lo largo de milenios en su recorrido y que ha ido depositando antes de llegar al mar. Si la imagen vía satélite es sorprendente, las vistas a pie de río son simplemente asombrosas.


El Parque Natural del Delta del Ebro se adentra cerca de 22 km. en el Mar Mediterráneo y ocupa una extensión de 7.736 hectáreas, que se distribuyen entre los términos municipales de seis poblaciones: l'Ampolla, Amposta, Camarles, Deltebre, Sant Carles de la Ràpita y Sant Jaume d'Enveja. Llama poderosamente la atención su forma de flecha, con dos puntas, al norte la Punta del Fangar (del Lodazal), y al sur la Punta de la Banya (del Cuerno) unida al delta por la Barra del Trabucador, un estrecho brazo de tierra. La forma del Delta ha cambiado mucho a lo largo de los siglos, que ha ido conformando islas (como la del Buda y la de San Antonio) y lagunas (denominadas comúnmente "calaixos", cajones), pero las presas y embalses construidos en todo el curso del río, fundamentalmente en el s. XX, limitan los aportes de sedimentos y el crecimiento de este espacio natural. 


Tenía muchas ganas de que mis hijos conocieran este paraje, nunca es un mal momento para aprender cosas nuevas, y aquí hay mucho por conocer. No solo está lo evidente, es decir, la desembocadura de un río en el mar (dicen que es el segundo río más importante que vierte sus aguas al Mediterráneo, tras el Nilo), si no también los paisajes que forma y transforma un río, las actividades relacionadas con este hábitat, y la necesidad de conservar el medio ambiente, entre otras muchas cosas. 


Durante mucho rato, porque como hemos visto el Parque Natural es inmenso, transitaremos en paralelo al río y a los diferentes canales y acequias que toman la preciada agua del Ebro para regar los numerosos campos, donde mayoritariamente se cultiva arroz, sobre las fértiles tierras que forman el delta. Poco a poco, a través de la carretera T-340 nos iremos acercando a Deltebre y a núcleos como Riumar, el más cercano a la desembocadura, donde hay varios campings y bloques de apartamentos.


Evidentemente la actividad turística tiene una gran importancia en el Parque Natural del Delta del Ebro. Tras pasar el núcleo urbano de Deltebre, y antes de llegar a Riumar, encontramos junto al cauce varios restaurantes (por no decir chiringuitos) que ofrecen arroces y menús del día. Justo enfrente encontraremos los embarcaderos de los cruceros que ofrecen visitas panorámicas a este tramo del río y a la desembocadura. 


Si vamos con nuestro vehículo, al poco de dejar atrás estos embarcaderos y restaurantes llegaremos al final de la carretera T-340, hasta el punto más cercano a la desembocadura al que podemos llegar en coche. Hay varios aparcamientos no muy grandes,pero sí suficientes. Sin lugar a dudas veréis el zigurat, un mirador construido en madera con la forma de este edificio de origen sumerio. Os recomendamos que os llevéis unos prismáticos para disfrutar del magnífico paisaje. 


Las rutas a pie son uno de los grandes encantos que tiene este paraje. Están perfectamente señalizadas y en gran parte del recorrido se encuentran pavimentadas o se realizan a través de pasarelas de madera, por lo que son aptas para que las realice casi cualquier persona, y al no tener ninguna pendiente no se precisa de una gran forma física. De hecho esta es la única manera de llegar hasta la misma desembocadura.


La riqueza natural del Parque Natural hace que sea un punto de atracción para hacer turismo ornitológico. Es lugar de paso de muchas especies. Nosotros vimos bastantes garzas, que se encontraban en bastantes puntos, tanto en las lagunas más cercanas al mar como en los arrozales más alejados. Durante el paseo vimos unos cuantos grupos de familias que hacían picnic y aprovechaban para pescar, incluso para coger cangrejos de río. Nosotros por más que mirábamos no veíamos un solo cangrejo, peces sí, unos cuantos. Por otra parte, la vegetación es la típica en estos hábitats, arbustos leñosos, cañas y juncos junto a la orilla, y mucho pino mediterráneo donde no había arrozales. 


El paso de embarcaciones es continuo en este tramo, y es que la práctica de deportes náuticos también es bastante importante. Eran mayoritariamente embarcaciones a motor, como lanchas y motos acuáticas, pero también se ofertan paseos en kayak, mucho más respetuosos con el entorno. En la playa del Trabucador es posible practicar kitesurf, una práctica deportiva que combina el surf con una cometa (aunque parece más un paracaídas) que impulsa a la persona. Se consiguen dar grandes saltos, lo que convierte este deporte en una modalidad muy espectacular.


No desaprovechéis la oportunidad de visitar este magnífico paraje. Podréis disfrutar de un espacio natural en el que se mezclan numerosos tipos de paisaje: un río, llanuras litorales, arrozales, lagunas lacustres y marítimas, playas kilométricas, dunas móviles... y todo muy cerca de casa.

lunes, 28 de octubre de 2019

NOS LO PASAMOS EN GRANDE EN EL CAMPING TRILLAS TAMARIT PLAYA

Acostumbrados a ir a un camping de interior, más pequeño y de trato familiar, este verano hicimos un cambio y probamos un camping muy diferente: cerca de la playa, con un montón de servicios y enorme. ¿El resultado? Mis hijos no querían irse. Os vamos a hablar del camping Trillas Tamarit Playa.


Este camping se encuentra en Tamarit, un antiguo municipio que se despobló por una epidemia y que pertenece a Altafulla, en la provincia de Tarragona, a unos diez minutos de la capital. Esta situación la hace idónea para moverse por la provincia, especialmente para llegar a Port Aventura, que para qué negarlo, era el plato fuerte del viaje (ya os lo contaremos).



Además de por su situación el camping Trillas nos llamó poderosamente la atención por su precio irrisorio fuera de temporada alta. Sin ACSI card ni nada por el estilo, vamos, que pagamos más en peajes que en el camping. Tanto es así que llegamos a llamar por teléfono y enviar un correo electrónico para comprobar que no nos habíamos equivocado y, ciertamente, fuera de la temporada alta es un camping con una excelente relación calidad-precio. En la primera semana de septiembre, cuando fuimos, todavía estaban abierta las piscinas y mantenían el servicio de animación, tanto para niños como para el público en general por las noches.




Sí, no nos hemos equivocado, hemos puesto piscinas en plural porque el camping Trillas tiene tres piscinas, o mejor dicho, tres grupos de piscinas: la que ellos denominan la antigua, la nueva y otro grupo de piscinas en la cima de una colina que se encuentra dentro del recinto del camping y en el que está un bloque de bungalows y mobil homes.




El camping es enorme. Creemos que en realidad son dos campings que se han unido porque las dos partes se comunican interiormente por un túnel  y exteriormente cruzando la carretera que va hasta la playa de Tamarit. Tan grande es el camping que hay un servicio de transporte de los usuarios con un trenecito. Aunque no tengas que ir a ningún lado la verdad que a los niños les encanta y uno de los platos fuertes es la colina que acabamos de mencionar que tiene unas vistas fantásticas sobre las playas de Tamarit y su castillo.



Además de ser tan grande tiene una serie de servicios muy completos. Supermercado, lavandería, lavacoches, restaurante, creperia, cafeteria-churrasquería... En lo que verdaderamente importa también está muy bien, porque los aseos estaban realmente limpios y eran muy amplios. Las duchas tenían incluso un apartado con una leja para poder dejar la ropa y el resto de cosas sin que se mojaran.

Por su parte, y también es importante, las parcelas para acampar son suficientemente grandes, es verdad que al principio nos tocó hacer un poco de tetris, pero cabía perfectamente nuestro coche, la tienda y nuestras cosas. están delimitadas con moreras lo que hace que haya bastante sombra y el suelo es de grava prensada que no es incómoda. Todas las parcelas tienen una toma cerca de luz, agua y antena. Es de destacar que hay zonas donde no están permitidos los perros, algo que nos vino muy bien ya que mis hijos les tienen miedo. 


Hay dos cosas que nos llamaron la atención. Por un lado la cantidad de parcelas que tenían caravanas fijas. Ya os hemos dicho que estábamos acostumbrados a  otro tipo de camping. Y esas parcelas fijas tienen de todo: cocina portátil, televisión, avances a tutiplén... vamos, que estamos convencidos que hay quien está en el camping mejor que en casa.


También nos llamó la atención la inmensa cantidad de bicicletas que había. Cualquier aparcamiento estaba completo y casi en todas las parcelas había al menos una bicicleta. Alguna situación de riesgo vimos, pero sobre todo tuvimos un déjà-vu a nuestra infancia, cuando todo era un poco más fácil. O eso creíamos. 


Por si todo esto os parece poco, a 60 metros del camping hay una playa y una cala, playa Tamarit y La Jovera, respectivamente, cada una a un lado del castillo de Tamarit, que no se puede visitar porque pertenece a una empresa que organiza eventos, excepto para escuchar misa en una de sus capillas. 


Nuestra opinión no puede ser más que positiva, pasamos unos días en grande. De una cosa estamos convencidos, o el próximo verano volvemos o nuestros hijos se amotinan. Se lo pasaron en grande. Tanto que entre los planes estaba pasar un día en Barcelona y lo tuvimos que dejar para otro viaje.