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sábado, 8 de agosto de 2020

COSMOCAIXA BARCELONA: LA AVENTURA DE CONOCER

Hace unas semanas hicimos una breve escapada a Barcelona. Una de las pocas visitas que teníamos programadas era al Cosmocaixa, un museo de ciencias gestionado por la Obra Social La Caixa. Las reseñas tanto en blogs como en webs especializadas eran muy buenas. Además, por ser clientes de La Caixa teníamos entrada gratuita, que también es un aliciente a tener en cuenta. 

Fuimos con nuestro coche particular. Para aparcar no hay muchos problemas si llegáis más o menos pronto. Justo enfrente de la entrada hay un parking gratuito y no vigilado para visitantes. Tampoco tiene sombra, pero está cerca de la puerta y es gratis, tampoco hay que ser quisquilloso. Si no la línea 7 de metro para cerca, igual que los autobuses A6, H2, H4 y V13.

Desde que entramos la atención fue excelente. Nos explicaron perfectamente las normas y que debíamos sacar nuestras entradas (aunque fueran gratuitas) online, pero con el móvil lo pude hacer muy rápido. A continuación nos explicaron las normas de seguridad que se aplican por la pandemia del Covid-19. Lo principal era que no se podían tocar los módulos interactivos y que la visita se debía hacer en un máximo de dos horas. Este tiempo no es poco, pero tampoco es demasiado.
Nada más entrar ya te das cuenta de que algo pasa, de que la situación no es normal, y no solo por los dispensadores de gel hidroalcohólico, si no por los grandes espacios vacíos. Nos dirigimos hacia los tornos de entrada, ya que el área expositiva está varias plantas hacia abajo. La verdad es que esto es muy curioso. Para entrar hay una enorme rampa en espiral. A lo largo de esta rampa se van sucediendo vitrinas con fósiles que explican la formación de la tierra y el surgimiento de la vida en nuestro planeta. Hasta llegar abajo que existe un módulo con hojas de arce, las que llamábamos de niños "helicópteros". No os voy a contar nada para no desvelaros la sorpresa, pero estamos convencidos que os quedaréis embobados como estábamos nosotros.   

Por fin llegamos al área expositiva. Nos vuelven a explicar las normas de visita. En las dos horas sólo podremos visitar cuatro espacios: "Sables y mastodontes", el Muro Geológico, Sala Universo y el Bosque Inundado. A través de un patio vemos una exposición fotográfica con imágenes del fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado. Se trata de una selección de fotos de Génesis la penúltima gran exposición de Salgado Esta selección está compuesta imágenes de la Antártida que, en blanco y negro, nos muestran la belleza y fragilidad del continente helado. Como complemento hay una reproducción de la base científica que España tiene en la Antártida, con sus pingüínos y todo.

Antes de iniciar el recorrido nos paramos a ver el péndulo de Foucault. Sí, ya sabemos que todo museo de ciencias que se precie debe tener este péndulo. Pero no vamos a negarlo, su movimiento es hipnótico. Podrías estar todo el día mirándolo, pero había que comenzar la visita.

En primer lugar visitamos una exposición temporal "Sables y mastodontes". Trata sobre los descubrimientos en la actual Comunidad de Madrid de unos yacimientos que demuestran que hace 9 millones de años (en el Mioceno) en ese lugar vivieron tigres "dientes de sable", mastodontes (antepasados de los actuales elefantes), jirafas, tortugas gigantes, rinocerontes, antepasados de la cebra... vamos, que ni un safari por África.

A continuación, y siguiendo el orden de visita, pasamos por el "Muro geológico", una muestra de diferentes estratos donde se muestran diferentes procesos geológicos de distintos lugares del planeta. Impresiona por las enormes rocas que lo conforman, con una longitud total de 24 metros y una altura considerable. Muy aconsejable si vuestros hijos están estudiando esta materia porque se complementa con varios módulos que explican, mediante sencillos experimentos, la formación de los distintos tipos de roca.
La Sala Universo es el espacio expositivo más grande. Tanto que abarca desde el Big Bang hasta el uso de la robótica y los nuevos materiales con propiedades increíbles. Sólo aquí ya estaríamos más de dos horas. Física, biología, fisiología humana, antropología, psicología... Abarca muchísimas materias de una forma muy didáctica. Está llena de módulos interactivos que, como ya hemos comentado anteriormente, no se podían tocar. A cambio unos "mediadores" los hacían funcionar y explicaban que significaban, que demostraban, etc. Estos mediadores eran muy amables, repetían las demostraciones y las explicaciones las veces que hiciera falta. De verdad, de 10.

Los niños tienen una capacidad curiosa innata. Es muy interesante observarlos y ver cuales son las materias que más les interesan. También que de una manera dinámica y amena cualquier materia, por rollo que pueda parecer a primera vista, puede ser fácilmente comprendida. Y eso tiene un mérito enorme.
Por último nos quedaba el espacio más espectacular (¡como si lo anterior no lo fuera!): el bosque inundado. Básicamente es un trocito de la selva amazónica. Desde gran parte de Cosmocaixa se puede ver a través de sus paneles de cristal. Tiene árboles enormes, pero lo que más impresiona son unos peces enormes con nombres casi impronunciables. Pero para mi gusto la gran estrella, en un espacio más privado, es la anaconda. Esta gran serpiente, que puede llegar a medir 12 metros dependiendo de la especie, es fascinante. Si esto no os ha sorprendido del todo, sabed que cada 15 minutos llueve.
Y aquí acaba casi todo. Solo falta salir por una rampa que tiene expositores con esqueletos, pieles, hojas, etc. de diferentes especies de flora y fauna del Amazonas. Por esta rampa se accede a las plantas superiores donde hay varias salas, incluida la del Planetario y una sala con una exposición fotográfica titulada "El poder transformador de la e-educación", a las que no se puede acceder. También se accede a la tienda del museo, que, además de los típicos recuerdos, tiene objetos muy curiosos. 

Ya solo nos quedaba admirar el patio, desde el que se ve una magnífica panoránica del edificio original, que admirar el edificio original, un inmueble modernista de principios del s. XX, hecha principalmente de ladrillo, obra del arquitecto José Doménec Estapá, autor de otros edificios de la época en Barcelona, y que fue un asilo para ciegos. La verdad es que es muy bonito, y merece bastante la pena. En el patio también hay una serie de artilugios que sirven para hacer demostraciones científicas, pero ya no teníamos tiempo para más.

Ya hemos comentado que la entrada a Cosmocaixa es gratuita para clientes de La Caixa. Los menores de 16 años tampoco pagan, mientras que el público en general paga 6 euros. Tanto si pagáis como si no, debéis sacar las entradas en su página web. Os recomendamos visitar la  web si vais a ir al museo, para estar informados de todas sus novedades, y más en la actual situación.